SATYA, O LO QUE ES LO MISMO: NO MÁS SIMULACIONES POR FAVOR

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SATYA, O LO QUE ES LO MISMO: NO MÁS SIMULACIONES POR FAVOR

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Hace poco leí un par de cosas que me hicieron un montón de ruido y me obligaron a ponerlas en este espacio abierto para el sano debate y para rascarse a gusto si algo nos da comezón. Vamos, que lo mío no es escribir sobre lo que la gente quiere oír. La parte “bonita” del yoga, la meditación y el wellness ya se la conocen todos, y si no, sigan a cualquiera de los rockstars de estas disciplinas en Instagram y verán de lo que les hablo. Así que espero mantener este espacio libre de bullshit (lo siento, pero es que no hay nada que me cause más irritación que la falsa pretensión).

La comezón empezó con un artículo donde se hacía una crítica sobre las frases hechas para etiquetarlo todo, desde una foto hasta camisetas, tazas o tapetes de yoga, daba igual. Particularmente se referían a la versátil “good vibes only” (sólo buenas vibras), aunque a nivel general se criticaba el uso casi indiscriminado para “mancillar” la naturaleza de ésta y muchas frases más. 

Y la segunda, y que fue en realidad la que más me animó a mantener abierto este debate, fue una pregunta que se abrió en uno de los tantos foros dirigidos a maestros de yoga en Facebook. Una chica preguntó abiertamente tres características que definen al perfecto maestro de yoga

Al principio esta pregunta desató un poco de asombro, obviedad e indignación por parte de los primeros miembros del grupo en responder, pero creo que esta chica lo hizo con doble sentido, lo cual me pareció excelente como experimento social. 

Por supuesto que al principio todos recurrían a las bases éticas que -creo yo- no solamente los que nos llamamos “yogis” debemos practicar (si es que somos congruentes, ¿veá?), ya saben, los yamas y niyamas (que si les echan ojo, son la base de cualquier religión y sociedad que funcione, tampoco es que los antiguos yoguis hayan inventado el hilo negro). Alguien más recurría a alguna frase de Patanjali, de Patthabi Jois o de Iyengar, como si se tratara de un examen final. 

Pero la cosa se puso buena cuando las respuestas empezaron a ser más realistas con el mercado actual. Hubo quienes comentaron que algunas de esas tres características eran ser un narcisista carismático, tener hiper flexibilidad, no entender las consecuencias reales de esa hiper flexibilidad, haber sido gimnasta, bailarín o actor frustrado, tener un montón de seguidores en Instagram, espíritu emprendedor, etc.

Y entonces ¿qué tiene que ver todo esto con la comezón que abrió el debate?, pues lo mismo que los “retos de posturas de yoga”, los “retos detox”, los “maestros perfectos” y todo el estilo de vida que nos venden las redes actualmente: absolutamente todo es falso. 

A ver, que no quiero ser Gargamel, pero tomarse una foto en la torre Eiffel y ponerle la frase “las mejores cosas de la vida, son gratis” es exactamente igual a usar sin discriminación el “good vives only” (aclaro que no es que sea fan de la frase), o el “practice and all is coming” (practica y todo llega). 

Sí, yo no soy quién para tirar la primera piedra, pero para eso es este espacio, para tratar de ver un poquito más allá y no volver un lugar más común del que ya es la práctica de yoga, que hay que decirlo, tiene cosas increíbles, pero no nos encarguemos de hacer que se convierta en una frase impresa en una taza.

Las frases hechas están sobre valoradas en parte a los hashtags o etiquetas que les ponemos para identificarlas, pero he ahí la clave, son e- ti- que- tas. La verdadera práctica de yoga no se ve, al menos no en las fotos ni en los videos, por eso mi reticencia a los “retos de posturas”, “retos detox”, “maestros perfectos que dominan las posturas más extravagantes”, etc., etc., etc., en donde se pierde por completo la parte más enriquecedora de cualquier postura: el proceso. 

Jean Baudrillard, un filósofo francés, planteaba que en la posmodernidad la realidad era un simulacro de la realidad, sí, así tal cual. En una práctica que intenta ser real y mantenerse verdadera en todos los sentidos (satya), ponderamos la forma ante la lección que conlleva, convirtiéndola en un cascarón vacío y sin sentido. Hemos llevado la práctica de yoga al terreno de la hiperrealidad, en donde ya no distinguimos qué es real y qué no. Una simulación, pues.

No puedo decir qué define al perfecto maestro de yoga, pero sea o no de yoga, un buen maestro te hace pensar, te hace cuestionarlo y salir del lugar que conoces, pero sobre todo te enseña a tener un criterio propio desde donde nada es absoluto, todo tiene matices… y aunque no siempre te gusten, te enseña a verlos.

Mantengamos la mente abierta, con la certeza de que lo único que nos mantiene en el suelo es ser reales con nuestras convicciones, nuestras caídas, nuestras debilidades y nuestras imperfecciones. 

Y bueno ya, por el momento no rasco más. A ponernos pomada.

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